A Demasiadas personas les cuesta hacerse valer. Puede que te cueste hacer valer tus opiniones en público, o mostrar que eres una persona válida en tu profesión; tal vez lo que te cuesta es hacer valer tus necesidades emocionales ante tu pareja o inclusive luchar por aquellas cosas que tú deseas es una forma de hacer valer quien eres: apostar por un sueño que tienes pero no te has atrevido a perseguir, o decir no a alguna rutina o alguna actividad que haces a veces más por los demás que por ti mism@ sin darte cuenta. ¡Hasta puede que se trate de vivir tu vida como una aventura y a tu propia manera!

La cuestión es que ese encorsetamiento comportamental hace a las personas un poco más infelices, y se sienten un poco más atrapadas. La necesidad de agradar a los demás o de que los demás no se enfaden o nos sigan viendo de X manera está tan arraigada, que muchas veces no nos damos cuenta de estos comportamientos.

Este mes de diciembre es un mes fantástico para la reflexión del año que estamos dejando atrás. Y sobre todo el día 21 de diciembre, que es el equinoccio de invierno, un día especial para reflexionar lo que quieres dejar atrás, relajarte y meditar. Puedes leer el artículo sobre Dejar ir para ayudarte aquí. Existen 8 días al año que tienen una vibración especial, y donde la energía universal es muy intensa, esto facilita ciertos trabajos, aunque se escondieran esos días desde la iglesia porque no interesaba que las personas reconectaran con este parte de su poder personal.

Amar al otro más que a ti

Entonces, si estás anteponiendo las necesidades de los demás a las tuyas, tal vez creas que es porque los amas mucho; y no dudo de que sea así. Sin embargo recuerda que nadie es capaz de amar al otro más que a sí mism@ de la misma manera que nadie recibe más amor del que es capaz de darse a sí mism@. El amor empieza y termina en uno. La capacidad de amor va relacionada con la capacidad de reconocerse a sí mismo. Cuanto más lo hago conmigo, más lo puedo hacer con el otro. Si tu no puedes reconocer el amor que hay en ti, ni te puedes dar amor a ti mism@, será imposible que reconozcas el amor que los demás te dan o te pueden dar, créeme, porque el corazón está cerrado para ti. Tal vez por miedo a sufrir, entonces lo escondes, lo encarcelas, lo endureces. Y crees estar a salvo cuando en realidad simplemente estás sobreviviendo sin vivir. Porque cuando cierras tu corazón para que las «desgracias» no sucedan, también lo cierras a que las maravillas pasen de largo.

Pistas de que te cuesta hacerte valer:

  1. Te cuesta decir que no cuando te piden un favor
  2. Te cuesta decir que no (aunque sea a las personas que amas solamente)
  3. Aguantas una situación a pesar de que tú necesites algo distinto (relación, profesión, etc)
  4. Te cuesta expresar tus opiniones en público por si generan conflicto o desacuerdos
  5. Te cuesta expresar tus cambios de opinión y lo evitas esperando que los demás se den cuenta por sí mismos
  6. No dices lo que piensas por temor a hacer daño al otro (y al no decirlo te haces daño a ti mism@)
  7. Realizas acciones para impulsar o ayudar al otro, a pesar de que tú pierdas energía en el proceso y no sea lo que tú necesitas
  8. Esperas que el otro/a cubra tus expectativas y muestras rencor o enfado si no lo hace pero tampoco te las cubres por ti mism@ (es decir, si lo necesitas, hazlo tú)

La vida es intensa. A veces nos da miedo. Nos da miedo la intensidad de una emoción, o la necesidad de cambio sin garantía, o la conexión interna contigo mismo, o que las relaciones de mi alrededor cambien o desaparezcan… y ése miedo es el que te ancla a no defender tus necesidades, tu valía, tus opiniones, tu emociones… sin pararte a pensar ¿qué precio estás pagando por esta necesidad de aprobación o complacencia?

Hacerte valer también defiende hacer valer tus errores. Tú eres quien eres. No eres tu cuerpo. No eres tu salario. No eres ni tus creencias. Eres mucho más que eso. Y por SER, ya vales. Eres valios@. Puede que a veces el ego no nos permita darnos cuenta de esto, tanto de ti como de los demás. Pero cuando alejamos la máscara del ego y del control, conectamos con el alma y nos damos cuenta que vivimos una experiencia maravillosa y que solo depende de nosotros poder exprimirla al máximo. No se trata de esperar a que otro apueste por nosotros, a que otro nos valide, a que otro no acepte, a que otro nos ame… porque mientra esperemos esto, jamás tendremos la valentía de hacerlo por nosotros mismos. A veces es necesaria la humildad de reconocer que necesitamos esta aprobación más de lo que nos gustaría. Que se trata de una carrera de fondo y no de velocidad. Pero una carrera a la que quieras o no, estás inscrit@ y sólo de ti depende de cómo la acabarás. No es tan importante si llegas primero o no, sino con qué actitud llegas al final de la carrera. Yo lo tengo claro: quiero superar todos los desafíos que me traiga la vida, quiero conocerme en cada esquina y reconocerme en cada contratiempo, quiero tener la valentía de amarme más y más a lo largo de la vida, de los errores y de los aciertos, del dolor y la alegría, para recordarme que no nací con el libro de instrucciones y que simplemente tomé la determinación de vivir para experimentar.

Para ello, reconocer las necesidades emocionales, expresarlas, satisfacerlas por uno mismo, elevar tu propia valía para reconocerla, es algo que se vuelve esencial en el camino de la vida. Aunque a veces el laberinto nos impida ver la salida, conectar con quien eres y que necesitas, siempre será una puerta hacia el bienestar.

 

 

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