Dejar de tener expectativas

Escrito por el 07/01/2020

Dejar de tener expectativas

Dejar de tener expectativas es algo que, en uno u otro momento, seguramente te has planteado. Cuando la gente no responde de la manera que esperabas, cuando las cosas no suceden según tu guión prefabricado y planificado, y te frustras, te cabreas y proyectas tu enfado con el exterior: el otro, las circunstancias, la vida… o lo que es peor, contigo. Entonces dejar de tener expectativas se vuelve crucial pero difícil de lograr.

Tal vez la pregunta no es cómo dejar de tener expectativas sino por qué las tenemos, de dónde vienen… esto, a veces, ayuda a desenmarañar el lío de las expectativas que ya el budismo postula «Nunca deberías tener expectativas con respecto a los demás. Simplemente sé bondadoso con ellos» (Pema Chödron).

Y la ironía del destino es nacer y crecer en una sociedad donde desde bien pequeño se te «enseña», «educa», «guía», «manipula» a ser o no ser de determinada manera. A que cuando haces algo los demás se muestran contentos o enfadados. ¿No tiene que ver esto con responder a las expectativas ajenas?

Las expectativas son una ilusión

dejar de tener expectativasDicen que la mente no diferencia lo que es real a lo que es ficticio. Así tu cuerpo empieza a segregar las hormonas correspondientes cuando está viendo una peli, cortisol si es de miedo, dopamina si es una comedia, etc. literalmente tu cerebro no diferencia si lo que estás viendo en la tele es real o no. Es más. Para tu mente,¡¡ es real!

Yo creo que las expectativas siguen el mismo formato. En tu mente ya te ha hecho una peli de qué pasará… de qué te dirá esa persona o de qué te gustaría que te dijera… qué sucederá en tu trabajo… cómo «debería» responder ese amigo, o esa pareja, o ese hijo o esa madre… En tu mente tienes el guión de cómo funciona la vida. Lo que pasa es que todo lo que hay en la mente es una ilusión hasta que no entra en contacto con la realidad. Y la realidad es la otra persona (con su mente, sus ideas, sus miedos).

Y ahí es cuando uno se decepciona. A veces lo expresa («me has decepcionado») añadiéndole una terrible carga a la otra persona, a veces no lo expresa pero se muestra en sus gestos, en su enfado, en su resentimiento, en su cierre, dejando su corazón latir un poco más flojo, un poco más triste.

Es difícil vivir sin expectativas.

Sin embargo, una de las cosas que me doy cuenta en cada choque entre mi realidad interna inventada y proyectada y la realidad que vivo, es que el otro no tiene que cubrir mis expectativas. Es más, si lo amo, sea pareja, amigos, família, clientes, conocidos… es mi compromiso y mi responsabilidad dejar ser a la otra persona. Porque la otra persona es y hace en función de lo que desea. Lo que puede pasar entonces es que su sistema moral y el mío no sea el mismo. Es decir, sus valores y los míos sean distintos. ¿Debo enfadarme con la otra persona por no tenerlos igual? ¿Debo proyectar en el otro que no ha hecho, no ha dicho o ha dicho…? Otra cosa es lo que tú decidas hacer ante esas circunstancias. Y lo que tu hagas solo dependerá de ti. Esta es tu responsabilidad. No la del otro. Hay un vídeo muy bueno de Sadhguru ¿Desilusionado con tus relaciones? Profundo y da que pensar. Cuanta sabiduría en tan poco tiempo. Clicka en el título para ver el vídeo.

Tal vez, y sólo tal vez, podrías empezar a romper los esquemas mentales que tienes sobre cómo deberían ser las cosas. Ese mundo estructurado y sistematizado que te has creado en tu mente. Las expectativas están en la mente. La conciencia abarca mucho más. La conciencia puede entender y no reaccionar ante ciertas situaciones ni comportamientos.

 

Fluir vs expectativas

Otra razón por la que dejar de tener expectativas es para fluir más con la corriente de la vida (lee aquí mi artículo Fluir vs resistencia). Cuando uno se aferra a las expectativas no deja opción a ninguna otra cosa, a ninguna otra posibilidad. Se ancla a ese comportamiento propio o ajeno, sin darse cuenta que está luchando. Luchando contra algo, con algo, con alguien. Todo lo que implica lucha requiere un doble esfuerzo, un cansancio y muy probablemente una llegada a la meta muy distinta a la que uno tenía prevista, si es que llega.

Está claro que uno tiene que luchar por lo que quiere. Y esconderse detrás de excusas solamente para no afrontar la posible pérdida o fracaso al lograrlo tampoco es la solución así que no vale excusarse en no tener expectativas cuando tu y yo sabemos que a veces la razón por la que no luchas no es esta sino el miedo. Pero me refiero a dejarte sorprender por la vida no a cerrarte.

Las cosas no son como me gustaría que fueran. Simplemente son.

Entiendo que si me pasa a mí, te pasa a ti también. Lo que pasa es que a veces sólo quiero verlas de una manera, y me pierdo en el camino cómo realmente son. Enfocada en la meta me pierdo el viaje. El sentido. La belleza. Da igual lo que sea.

En una profesión: la concentración en el día a día, la creatividad, el café con los colegas.

En una relación: el descubrimiento del otro, sea en la novedad o a lo largo de los años en el cambio que sí o sí infunde la vida.

En una pérdida: el dolor que uno siente es la respuesta de que está vivo. El dolor es vida. La alegría es vida. La vida es sentir.

 

Aceptar todo esto, nos lleva a entregar el control. ¡Wow! Qué miedo da entregarse, entregar el control a algo que no eres tu. ¿Quien sino va a lograr que tu vida funcione? ¿Quién sino va a conseguir que seas feliz? Créeme, es una de la asignaturas más arduas en las que me enfrento día a día. Pero poco a poco, a través de las crisis, a través de las decepciones, a través de las rupturas de ideas.

«Cuando se nos rompe el corazón, se abre una grieta para que el alma salga por ella»

Y ahí surge la luz, la entrega, la confianza en la corriente de la vida, el fluir como un río que irremediablemente te va a llevar a tu destino al cual, si no has llegado antes, era porque te entestabas en luchar. El amor es el destino. Amar más, crecer más, dar más, valorarte más. El amor es el destino, abrirte a una nueva dimensión de amor y éso lo aprendes a través de los golpes, de las crisis, del agujero que se te crea dentro siendo éste una invitación para que entres en ti.

El destino es amar más, y al liberarte de las capas de las expectativas del otro y de ti mism@, está aceptando las cosas tal como son. A veces duele. El choque duele al principio. Pero después resulta liberador.

 

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