Toma de decisiones

Written by on noviembre 5, 2019

Parece que tomar decisiones a veces se vuelve algo angustiante y exigente. Uno da vueltas y vueltas a lo que tiene que decidir, sin saber hacia qué elección desviarse. La mente empieza entonces a argumentar razones distintas por las que sería apetecible o válida una elección y la otra. El miedo a las consecuencias hace que la elección se haga más dura, más difícil, más dolorosa. Dolor no es solamente un corte en el brazo o el corazón partido. Dolor también es no dejar de pensar en algo, estar preocupad@ o angustiad@ por saber una respuesta, la necesidad de control, de garantía.

He tenido clientes que son grandes empresarios y sin embargo tienen grandes problemas a la hora de tomar ciertas decisiones. A veces uno tiene asociado la inseguridad o indecisión en la toma de decisiones con una persona aparentemente más insegura, pero no tiene nada que ver: una cosa es lo que se ve por fuera y la otra lo que va por dentro:)

¿Por qué a ciertas personas les cuesta más tomar decisiones? Cuando somos pequeños queremos hacer lo que nos apetezca, pero el entorno educativo adulto (família, escuela, sociedad) nos marca y nos limita: “esto no se hace” “esto está mal” “esto está bien”. Así uno empieza a dudar de su propia percepción, ya que tiene una corrección ajena de manera habitual. Y si bien esto es algo normal y necesario en la educación, la forma de hacerlo sí influye en la invalidación de la propia autoconfianza del niño o no. El niño entiende entonces que hay una manera de hacer las cosas correcta, que está bien hecha, y que muchas veces no es la que él pensaba o sea, que no es la suya. Cuando es adulto, empieza a dudar a la hora de tomar decisiones, pensando cuál será la respuesta correcta o ideal, cuál logrará que el entorno esté satisfecho (por ejemplo en la profesión) y obtener los resultados esperados, o permitirá no perder nada ni tener consecuencias negativas. Y el miedo a equivocarse entra en escena, a veces de forma clara y consciente y otras no tanto. Es el mismo miedo que experimentaba al ser pequeño al darse cuenta que su “equivocación” hacía que sus padres se enfadaran o le riñeran. Es el mismo miedo que hace que se enfade consigo mismo si considera que se ha equivocado. Fustigándose y exigiéndose saber la respuesta correcta con antelación.

Otras veces, el problema es que uno no sabe lo que quiere. La opción A le gusta por unas razones y la opción B le gusta por otras. Cuando uno no acaba entonces de tomar una decisión es por falta de valentía también. “Si elijo A pierdo B” o al revés. Asumir la responsabilidad de nuestras elecciones es algo que a veces puede dar pavor. Asumir por ejemplo, que si dejo una relación luego puedo arrepentirme, es algo complejo. Pero no hacerlo te perpetúa en una relación dónde tampoco te estás entregando al 100%.

Y luego está el evadir la toma de decisiones. Hay gente que lo usa para no tomar una decisión, sin darse cuenta que no tomar una decisión ya es tomar una decisión. Lo que pasa es que no quieren hacerse responsables de la decisión. Por ejemplo: un problema de pareja, no hago nada al respecto, puede ser que me bloquee o que no sepa como afrontarlo, pero no hago nada. Esto tendrá unas consecuencias, puede ser que la otra persona se canse y rompa la relación. Y en cierta forma, no habrás tomado una decisión directa “Yo no acabé la relación, estuve hasta el final” pero ciertamente se abandonó la lucha, eso ya es tomar una decisión. Porque tenemos que entender que nuestros actos, queramos o no, nos guste o no,  tienen sus consecuencias. Y no querer asumirlo no nos hace inmune a ellas. En nuestro poder está decidir si las consecuencias serán de la acción o de la inacción.

Es obvio que siempre podemos equivocarnos. En una sociedad donde el concepto de Fracaso está tan interiorizado, como si fuera el peor de los males, uno intenta evitarlo como la peste. Y todos hemos escuchado las frases que dicen que no es fracaso es solo aprendizaje y bla bla bla. Estamos de acuerdo, depende de cómo lo interpretemos lo viviremos como un fracaso o no. Aunque también es verdad que es una palabra muy arraigada en esta sociedad. No en otras, como USA donde está mucho más arraigado experimentar y probar por ensayo y error. Pero volviendo aquí, y considerando el concepto de fracaso. Realmente ¿qué pasa si fracasas? ¿Por qué es tan terrible esa sensación? Bueno, tal vez el por qué daría para otro artículo entero. Sin embargo, lo importante es que aunque nos haga sentir mal, es superable.

La mayoría de las personas no se permiten tener grandes expectativas por el miedo a sentirse decepcionados si esas expectativas no se cumplen. Pero el sentimiento de decepción es un precio muy bajo a pagar por la realización de tus sueños. 

Gotitas de Consciencia:

  1. A veces no se trata de tomar la mejor decisión, se trata de tomarla. Punto.
  2. Una vez has calibrado las cosas, siente más y piensa menos. Suele dar resultado. La intuición es sentimiento, no pensamiento.
  3. Sé valiente. Avanza. No tomar ninguna decisión te hace permanecer en un limbo constante de insatisfacción. Puede ser una zona de confort pero créeme, no es realmente confortable.
  4. Si necesitas aclararte más, trabaja en equipo con un profesional, un psicólogo o un coach, para lograr sentirte a gusto con tu decisión. Sin embargo, no olvides que al final el paso tendrás que darlo Tú.
  5. Convierte tu mente en tu aliada (lee el artículo completo aquí). Si usas palabras como ” me cuesta decidirme” “no sé lo que quiero” etc, tu mente hará lo que cree que quieres. Recuerda que tu mente es como el genio de Aladdín. Tus deseos son órdenes para ella.

La vida es una toma de decisiones constantes. Decides si desayunar o no, si vas en moto o bus al trabajo, si aceptas una cita o no, si te compras un sofá para tu piso de un color u otro, etc. Decides en todo momento. A todas horas. ¡Ya lo estás haciendo! Y ¡mírate! No te ha ido tan mal hasta ahora:) Ya has tomado grandes y pequeñas decisiones en tu vida. Algunas según tú mejor y otras peor. Pero dime, ¿quién no? Todos estamos aprendiendo. Pisando el barro. Limpiándonos y bailando bajo la lluvia y también maravillandonos bajo las estrellas.

 

 

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